En Cartagena, noviembre tiene un sonido propio: un tambor que resuena desde las entrañas del barrio Getsemaní. Allí nace y se despliega cada año el Cabildo de Getsemaní, una de las expresiones culturales más antiguas, poderosas y significativas de las Fiestas de Independencia. No es solo un desfile; es un acto de memoria, un testimonio histórico y una celebración viva del carácter afrodescendiente cartagenero.
Un origen que nace de la resistencia
El Cabildo tiene sus raíces en los cabildos de nación, instituciones sociales y culturales organizadas por los africanos esclavizados durante la Colonia. A través de ellas preservaban sus tradiciones, practicaban sus danzas, mantenían cohesión entre comunidades y reafirmaban su dignidad en medio del sometimiento.
En Cartagena, donde Getsemaní fue hogar de trabajadores, artesanos, marineros, palenqueros, líderes insurgentes y poblaciones afro, el cabildo se convirtió en un espacio seguro para expresar identidad y celebrar vida.
En épocas coloniales, los africanos celebraban el Día de los Reyes o de los Libertos, en el que se vestían con ropas que imitaban la moda europea y elegían a un “rey negro” o “rey momo”. Allí están las semillas del Cabildo: fiesta, parodia, libertad y memoria.
La conexión histórica con la Independencia
Getsemaní fue protagonista del 11 de noviembre de 1811. Sus habitantes –artesanos, zapateros, herreros, pescadores– fueron quienes empujaron la decisión de romper vínculos con la Corona española.
El Cabildo, resurgido décadas después, empezó a desfilar en noviembre como una forma de unir memoria afro, espíritu libertario y fiesta popular.
Por eso, para el barrio, el Cabildo no es un evento decorativo: es una reafirmación histórica. Es recordar que la Independencia fue también una gesta del pueblo.
El renacimiento moderno del Cabildo
La tradición, apagada durante buena parte del siglo XX, volvió a renacer en 1989 gracias a la Fundación Gimaní Cultural y líderes comunitarios del barrio. Retomaron archivos históricos, consultaron a mayores y reconstruyeron la estética del antiguo cabildo:
- los trajes que parodiaban la corte europea,
- los tambores africanos,
- el montaje de un séquito real (reina, rey, abanderados),
- y las danzas tradicionales afrodescendientes.
Desde entonces, cada noviembre, Getsemaní convoca a comparsas, artistas, grupos folclóricos y ciudadanía a marchar por la ciudad, hasta regresar al corazón del barrio.
Estética, personajes y símbolos
Hoy el Cabildo está lleno de personajes que cargan historia y teatralidad:
- La Reina del Cabildo: Figura que representa elegancia, liderazgo cultural y continuidad de la tradición.
- El Rey Momo o Rey Negro: Herencia africana que simboliza la celebración, la picardía y la libertad.
- Abanderados: Llevan las banderas del barrio, de Cartagena y de Colombia, abriendo el desfile como acto cívico.
- Comparsas: Formadas por grupos artísticos que integran danza afro, ritmos tradicionales, vestuarios elaborados y coreografías colectivas.
- Danzas tradicionales: Entre ellas, los Congos, los Diablos Espejos, Garabatos, Macheteros y otras expresiones afrocaribeñas.
- Música: El tambor es el alma del Cabildo: alegre, llamador, tambora y tambores Batá marcan el paso.
El recorrido como acto simbólico
El Cabildo no recorre Getsemaní únicamente.
Sale desde el norte, atraviesa barrios como Daniel Lemaitre, Torices y Marbella, pasa por el Centro, atraviesa las murallas y finalmente llega a Getsemaní. Es una marcha que une la ciudad física, social e históricamente.
Ese retorno al barrio es un gesto poderoso: el Cabildo vuelve a casa, como si cada año la comunidad recuperara un pedazo de sí misma.
Un escenario de comunidad, arte y memoria afro
Más que un desfile, el Cabildo es un tejido vivo entre generaciones. Los mayores lo cuentan, los jóvenes lo reinterpretan, los niños lo aprenden a través del juego, y los artistas lo llevan a escena.
Su fuerza radica en que Getsemaní, a pesar del turismo, la presión inmobiliaria y la transformación urbana, sigue defendiendo su carácter popular y comunitario.
Cada noviembre, el Cabildo recuerda que Getsemaní no es solo un barrio turístico, sino un territorio de identidad profunda.
Patrimonio vivo
Durante los últimos años, diversos gestores culturales han impulsado el Cabildo como patrimonio cultural inmaterial, una práctica que preserva memoria africana, orgullo barrial y participación ciudadana. Su vigencia hoy demuestra que la tradición no se conserva encerrada: se conserva viviéndola.
Un latido que no se apaga
Cuando el Cabildo entra a Getsemaní, la música se mezcla con el olor a comida criolla, los balcones llenos, la bandera ondeando, la alegría comunitaria. Todo vibra. Todo late.
Porque en Cartagena, la fiesta no es un simple espectáculo: es la forma que tiene un pueblo de recordarse, celebrarse y afirmarse.
El Cabildo de Getsemaní es eso:
una memoria que camina, una historia que baila y una identidad que resiste.



