Así las contaron en el bando de las Fiestas de Independencia de Cartagena
Bajo el sol ardiente del Caribe, nativos y visitantes vibraron con los ecos de una tradición que renace cada noviembre: el Desfile de las Fiestas de Independencia, popularmente conocido como “El Bando”, un encuentro donde el cuerpo se convierte en memoria, y cada danza cuenta la historia de un pueblo que aprendió a resistir y a celebrar bailando.

Carrozas, danzas, comparsas y disfraces hicieron del Desfile de Independencia, una coreografía de memoria colectiva. En este gran evento que congrega a locales, nacionales e internacionales, 37 agrupaciones representaron expresiones culturales que evocaron siglos de historia condensados en ritmo, color y movimiento. Cada una encarna una raíz, un valor, es la forma de hacer alusión a la libertad desde el arte.
La presencia dancística en el desfile, organizado por la Alcaldía Mayor de Cartagena, el Instituto de Patrimonio y Cultura (IPCC) y Corpoturismo, fue rigurosamente seleccionada mediante convocatoria pública y un proceso de curaduría que garantiza no solamente riqueza creativa en sus coreografías y vistosidad de sus atuendos, sino también contenidos de profunda identidad cartagenera y Caribe.

Como una forma de aportar a la comprensión de propios y visitantes sobre lo que representan estas expresiones, expertos maestros de la danza y el folclore, con una trayectoria de décadas en la investigación creación y dirección de reconocidas agrupaciones, como Édison Ahumada, Dixon Pérez y Roslyn Benítez, quienes fungen como asesores en el área de cultura del IPCC, entregaron información, conceptos y opiniones para reseñar las danzas que se tomaron las calles de Cartagena durante el Bando:
El Bullerengue: Nacido en los pueblos afrodescendientes del Caribe, es el canto ancestral de las abuelas que usaban el tambor para narrar la vida y resistir el olvido. Sus faldas amplias, sus pañuelos y collares coloridos anunciaron que la herencia africana sigue viva en el corazón de la ciudad. Cuando sonó el bullerengue en el Bando, se levantaron los espíritus de María La Baja, Palenque y Puerto Escondido: es la voz del origen.
La Cumbia, el Porro y el Fandango, llevan la alegría campesina al corazón urbano. Fusionan la herencia indígena, africana y española en una danza elegante y vibrante, donde las faldas giran con fuerza y las velas alumbran la tradición. Cuando suenan los metales de la banda pelayera, Cartagena entera se vuelve un solo cuerpo celebrante.

El Son de Negro, es una danza de resistencia y orgullo. Surgida entre las comunidades ribereñas del Canal del Dique, narra la historia de quienes, pintados de negro brillante, expresaban su libertad con gestos y tambores. Hoy, sus movimientos intensos siguen proclamando dignidad, y su presencia en el desfile recuerda que la independencia también fue un acto de emancipación afrodescendiente.
La Danza del Baile negro, inspirada en los ritmos del Son de Negro y del Son de Pajarito, evoca la sanación colectiva a través del cuerpo. Sus faldas coloridas, turbantes y collares campesinos simbolizan fuerza, vitalidad y conexión con el territorio. Es la prueba de que danzar también cura, une y transforma.
Desde África hasta los barrios de Cartagena, la Danza de Descendencia Africana,* influenciada por el soukous, el kwaito y la rumba congolesa, enlaza las raíces del continente madre con la modernidad caribeña. Lo que fue resistencia en Soweto o Kinshasa, hoy es alegría en El Pozón, Olaya y Nelson Mandela. Los jóvenes la bailan como declaración de orgullo y afirmación identitaria: África vive en sus movimientos.
La teatral Danza de los Gallinazos, nacida en Cartagena en 1919, es una sátira social que combina teatro, humor y simbolismo. Con sus máscaras, alas y personajes, el Rey Gallinazo, la Laura, el Cazador, representan la eterna lucha entre la vida y la muerte, y la capacidad del pueblo para reírse de su propia historia. En los desfiles novembrinos, su vuelo es alegoría de libertad.
El colorido también tiene su rostro en la Danza del Capuchón,* ícono del anonimato festivo. Surgida como una forma de esconder el rostro para gozar libremente las fiestas, el capuchón se convirtió en símbolo de alegría sin prejuicios. Los trajes con los colores de la bandera de Cartagena, amarillo, rojo y verde, recuerdan que la fiesta es, ante todo, expresión de identidad.
La Danza de origen Palenquero adoptada de Cuba, inspirada en el sexteto palenquero y el son guantanamero.* Es una danza de resistencia, amor y naturaleza, donde cada golpe del bongó y cada verso cantado son homenaje a la libertad del primer pueblo libre de América. Su presencia en el Bando es un puente entre África, el Caribe y Cartagena.
Y, finalmente, La Danza Urbana y Contemporánea, es expresión de las nuevas generaciones. Nacida en los barrios y en los parques, fusiona el hip hop, el breakdance y la danza afro contemporánea. Es el lenguaje de la juventud que sueña y crea desde la calle. En el Bando, su presencia confirmó que la cultura cartagenera evoluciona sin romper con sus raíces: el pasado dialoga con el presente en cada paso, en cada salto.



